Gracias Pili.
Gracias por ser amor todo lo que regalas.
Por abrirle las puertas de tu casa a todo el mundo.
Por ser luz para quien sabe apreciarla.
Gracias por darlo todo sin buscar nada a cambio.
Por abrirle la mente y el corazón a todo el que te sabe escuchar.
Gracias por devolverle el sentido a soñar, a luchar cada día por ser mejor.
Gracias por tu tiempo, por tus charlas.
Por todos esos momentos de bajón en el que siempre estuvo tu mano para agarrarla.
Gracias hoy y gracias siempre.
Por ser hogar, profesora, madre y amiga.
Eternamente agradecida Pili.
Gracias
Pasados los 40 años, comenzó mi punto de partida. Dejé la fábrica en la que trabajaba y empecé a ejercer en el hospital mi profesión y gran vocación. Pero necesitaba más. Alguien me habló de ti, Pili, y me puse en contacto contigo para que me dieses consejo sobre por dónde tirar. Me aconsejaste hacer el examen de acceso al ciclo superior y, desde ese momento, nos pusimos a estudiar, adaptando nuestros horarios a cuando podíamos… Matemáticas, Lengua, entrega de trabajos… Un estudio a contrarreloj, dado que el tiempo se nos echaba encima.
El día del examen lo recuerdo con los nervios a punto de explotar, pero ahí estabas tú, a mi lado, apoyándome y dándome esa fuerza y cariño que me reconfortaban.
Ahora que todo eso ya pasó, tengo por delante muchas puertas abiertas por las que entrar. Aunque aún no he decidido por cuál, lo afronto con una gran ilusión.
Desde esa primera clase, mi perspectiva del mundo cambió. Vivimos en un mundo de rutinas, donde nos da miedo el cambio. Tú me hiciste ver que el cambio es posible y positivo. Me enseñaste que no importa la edad que tengas, siempre es un buen momento si uno realmente quiere hacerlo.
Entraste en mi alma poquito a poco, transformándome por completo. Era una persona que tenía aversión a la lectura —seguro que te alegra saber que ahora leo dos o tres libros por mes—. Conseguiste expandir mi mente hasta el punto de pensar que no me llegará el tiempo para aprender y leer todo lo que deseo.
Hay personas que llegan a tu vida de paso, y otras lo hacen para quedarse. Tú eres de las segundas. Me has despertado de un sueño lleno de inquietudes para transformarme y hacerme creer que un futuro mejor es posible. En un mundo donde el egoísmo nos consume, tú consigues sacar lo mejor de cada uno de nosotros.
Eres la mujer de la eterna sonrisa. Aunque todo tu mundo se esté desmoronando, ayudas sin condiciones a quien lo necesita y le ofreces un futuro. Eres luz, energía en estado puro.
Yo sé que hay ángeles en la Tierra porque… uno de ellos eres tú, Pili.
Después de años de trabajo en la mar y tener mi carrera un poco estancada, decidí estudiar para llegar a lo más alto dentro del sector marítimo pesquero.
Me recomendaron a Pili, una profesora excepcional que dedica su vida a preparar e inspirar a personas jóvenes y adultas para tener una segunda oportunidad en el ámbito educativo y laboral.
En su aula encontré a un gran conjunto de personas, que con el paso del tiempo se convirtieron en amigos y otros compañeros de profesión.
Descubrí un espacio donde la empatía, la comprensión y la motivación eran el motor del aprendizaje.
Gracias a ella, tomé la decisión de retomar los estudios después de años trabajando en el mundo de la pesca, un sector en el que me desenvolvía muy bien, pero en el que por falta de estudios no podía seguir creciendo.
Mi primer viaje a Lanzarote fue un antes y un después. Dependía de los resultados académicos para poder avanzar y tener la suficiente confianza para seguir adelante.
Pili no solo me enseñó contenidos, sino que me hizo creer en mí mismo, y me enseño a razonar sobre las fórmulas de los distintos problemas que teníamos que resolver, esa fue la clave que me permitió seguir avanzando.
Con su paciencia y apoyo, me preparé para la prueba de acceso al ciclo formativo de grado superior de Formación Profesional obteniendo una nota muy buena, gracias a la preparación obtenida.
Me matricule en el ciclo superior de Transporte marítimo y pesca de altura en La Universidad Laboral de Culleredó, consiguiendo la titulación correspondiente para ejercer de Patrón de pesca en el caladero de Malvinas.
Tuve la oportunidad de trabajar en lo que realmente me apasionaba y después de los días de embarque correspondientes, volví a contactar con Pili para que me asesorase y me solicitase la matrícula para Capitán de pesca en la Escuela náutico pesquera de Lanzarote el cual aprobé y con el cual ejerzo de capitán en uno de los barcos más grandes del Caladero de Malvinas.
Cada logro y cada paso que di en este camino de transformación personal y profesional es gracias a Pili, sin ella este sueño seria imposible. Ella fue quien, con su pasión por la enseñanza, su sensibilidad y su capacidad para ver el potencial en cada persona, sembró en mí la semilla del cambio. Retomar los estudios después de tantos años no fue fácil; Hubo momentos de duda y dificultades, pero su entusiasmo y dedicación me impulsaron a no rendirme.
Por eso, siempre llevaré conmigo su enseñanza y sus valores. Me enseño que nunca es tarde para reinventarse y que, con la orientación adecuada y la confianza en uno mismo, es posible construir el futuro que realmente queremos.
Gracias por esa vocación y ese don que tienes sobre las personas.
Siempre te estaré agradecido.
Gracias Pili de corazón.
Mi historia de vida dio un giro total cuando conocí a Pili, una profesora excepcional que dedica su vida a preparar e inspirar a personas jóvenes y adultas para tener una segunda oportunidad en el ámbito educativo y laboral. En su aula encontré mucho más que libros y ejercicios; Descubrí un espacio donde la empatía, la comprensión y la motivación eran el motor del aprendizaje. Gracias a ella, tomé la decisión de retomar los estudios después de casi 30 años trabajando en el mundo de la construcción, un sector que me dio estabilidad, pero en el que sentía que ya no podía crecer ni aportar lo que realmente deseaba.
Con su guía y apoyo, me preparé para la prueba de acceso al ciclo formativo de grado superior de Formación Profesional. Recuerdo aquel viaje a Lanzarote para realizar el examen como un momento decisivo en mi vida. No solo estaba enfrentándome a un reto académico, sino que también estaba desafiando mis propias creencias sobre lo que era capaz de lograr. Pili no solo me enseñó contenidos, sino que me hizo creer en mí mismo, y esa fue la clave que me permitió abrir nuevas puertas.
Aprobé la prueba y logré matricularme en el ciclo superior de Integración Social, un paso que marcaría el inicio de una nueva etapa llena de aprendizajes y experiencias transformadoras. Desde entonces, tengo la oportunidad de trabajar en lo que realmente me apasiona. Actualmente, desempeño mi trabajo en un centro de menores en situación de desprotección, un ámbito que me desafía y me enseña cada día. Además, estoy terminando la carrera de Educación Social, convencido de que la formación continua es fundamental para seguir creciendo y ayudando a los demás.
Fundé dos asociaciones: una dedicada a la prestación de servicios a la comunidad y otra enfocada en el voluntariado. Además, tengo la oportunidad de diseñar y presentar proyectos, así como de impartir clases y charlas en institutos, Con la intención de compartir con otros las oportunidades que transformaron mi vida.
Cada logro, cada paso que doy en este camino de transformación personal y profesional tiene, en gran medida, el sello de Pili. Ella fue quien, con su pasión por la enseñanza, su sensibilidad y su capacidad para ver el potencial en cada persona, sembró en mí la semilla del cambio. Retomar los estudios después de tantos años no fue fácil; Hubo momentos de duda y dificultades, pero su entusiasmo y dedicación me impulsaron a no rendirme.
Por eso, siempre llevaré conmigo su enseñanza, no solo en lo académico, sino en la forma en que entiendo la educación, la vocación y el impacto que una persona puede tener en la vida de otra. Gracias a Pili, aprendí que nunca es tarde para reinventarse y que, con la orientación adecuada y la confianza en uno mismo, es posible construir el futuro que realmente queremos.
GRACIAS PILI DE TODO CORAZÓN
Aquí va, con todo el alma:
A ti, Pili.
Dicen que hay personas que llegan a tu vida en el momento justo, como si el destino supiera que las necesitabas sin siquiera saberlo. Para mí, esa persona fuiste tú, Pili.
Después de años buscándome entre oficios, ciudades y mares, decidí retomar los estudios.
Una decisión valiente, sí, pero también llena de miedo e incertidumbre. ¿Estaré a la altura?
¿Será demasiado tarde? ¿Podré compaginarlo con el trabajo? Y entonces te encontré. Y todo cambió.
Desde el primer día, tu aula fue mucho más que un lugar para aprender. Fue un refugio. Un espacio donde el respeto, la paciencia, la empatía y la humanidad se notaban en cada gesto, en cada palabra. Aún recuerdo aquellas tardes en las que llegaba agotada después de trabajar, con ojeras de cansancio y dudas en la mochila. A veces me vencía el sueño y me quedaba dormida sobre los apuntes… Y tú, lejos de juzgarme, me despertabas con una sonrisa, un café caliente, alguna chocolatina, helado o galletas. Siempre tan generosa.
Siempre tan tú.
Lo que hicimos juntas en un solo mes fue casi un milagro. En tiempo récord me preparaste para la prueba de acceso al ciclo superior, sin prisa pero sin pausa, siempre con fe. No solo me enseñaste contenidos; me enseñaste a confiar en mí. A no rendirme. A pensar que sí podía, aunque hubiera pasado tanto tiempo.
Tu forma de enseñar es tan humana, tan cercana, que uno no puede evitar sentirse visto, comprendido, arropado. Eres de esas personas que no solo dan clases: dan esperanza.
Tienes un don, Pili. Y no hablo solo de tu capacidad para explicar, sino de tu forma de estar, de acompañar, de sostener a quienes llegan a ti con el alma un poco cansada.
Gracias por todo lo que hiciste por mí, y por lo que sigues haciendo por tantas personas.
Porque cuando alguien tiene el coraje de dar una segunda oportunidad a su vida, necesita a alguien como tú cerca. Alguien que no solo te enseñe, sino que te inspire. Que te levante el ánimo con una palabra, una mirada, o un simple “tú puedes”.
Hoy estoy donde estoy gracias a muchas decisiones, sí… pero sobre todo, gracias a una persona que creyó en mí cuando más lo necesitaba. Gracias, Pili, por ser luz, por ser faro, por ser hogar. Llevaré siempre tu ejemplo conmigo, allá donde me lleve el mar.
Con todo mi cariño y profunda admiración.
Después de 16 años trabajando como frutera en un empleo que me encantaba pero que no me llenaba del todo, empecé a darle vueltas a mi futuro y decidí volver a estudiar mientras trabajaba. Quería sacar el Ciclo de Integración Social, ya que siempre me ha apasionado ayudar a las personas, pero para ello necesitaba superar la prueba de acceso al ciclo superior.
Llevaba 17 años sin estudiar y, siendo sincera, nunca lo había hecho realmente. Saque la ESO gracias al apoyo que recibí en su momento, pero nunca me sentí verdaderamente capaz por mí misma. Tenía mucha inseguridad y, en el fondo, no confiaba en mis posibilidades.
Busqué academias, profesores particulares o alguien que pudiera ayudarme a prepararla, pero no encontraba a nadie, hasta que me hablaron de Pili. Las referencias que me dieron eran fabulosas y decidí que ella sería la persona que me prepararía, pero nunca pensé que aportaría tanto a mi vida.
Mi primer día de clase me encontré con una persona con un corazón inmenso y con una vocación increíble. Su dedicación va más allá de lo académico, siempre dispuesta a escucharte, motivarte y ayudarte en cualquier cosa que necesites. Es una de esas personas que hacen que el mundo sea un lugar mejor sin esperar nada a cambio. Cada persona a la que ayuda, la guía y acompaña recordándonos que, si queremos, podemos, y que con esfuerzo conseguimos hacer que nuestra vida cambie a mejor.
Cada día hacía que mis nervios e inseguridades se esfumaran. Ella supo darme esa confianza en mí misma. Desde el primer momento, vio el potencial que había en mi y que yo no lograba ver. Con paciencia , dedicación y mucho cariño, me ayudó a creer en mí.
Cada clase con ella era un recordatorio de que, con esfuerzo y constancia, todo podía ser posible. Que no había personas listas o tontas, que lo único importante era trabajar día a día y creer en uno mismo. Y consiguió que mi miedo al fracaso se convirtiera en ganas de superarme.
Siempre mostró una empatía increíble con mi situación familiar. Soy madre de familia numerosa y, en más de una ocasión, llevé a mis hijos a clase, animada por ella. Lejos de verlo como un inconveniente, los acogió con cariño. Los ponía a pintar, a entretenerse de alguna manera o, en días especiales, incluso fueron con su padre a pasear por su finca, donde él les enseñó los animales que cuidaban con tanta dedicación.
Son detalles que nunca olvidaré, porque no solo me ayudó a mí, sino que también hizo que mi familia se sintiera bienvenida.
Hay personas que dejan huella en la vida, y Pili es una de ellas. Dar tanto para ayudar a alguien a cumplir su sueño dice mucho de la grandeza de su corazón, y por eso siempre le estaré agradecida, tanto a ella como a su padre.
Hoy, mirando atrás, me doy cuenta de lo afortunada que fui al encontrarla en mi camino.
Gracias, Pili, por todo lo que has hecho por mí y por esa gente a la que tanto ayudas: personas con adicciones, mujeres víctimas de violencia de género, personas en libertad vigilada… Todas esas personas que no veían un futuro mejor y que, gracias a ti, caminan orgullosas de sus logros , sabiendo que hubo alguien que creyó en ellas cuando nadie más lo hacía y más lo necesitaban.
Sin duda, eres mucho más que una profesora: eres una inspiración.
Estamos llegando al fin del curso y quiero agradecerte todo el tiempo que estuviste a mi lado. También gracias por tu gran enseñanza y por confiar que me diste en la cual me sentí muy feliz, amada y comprendida. Eres una excelente persona que eres y una gran docente llena de calma, paciencia, gratitud que transmite compasión y pasión por su saber. Por lo tanto me llenaste de felicidad al saber que cada día tenía que prepararte para darlo lo mejor y conseguir conocimientos que tanto me entusiasman, siendo así siempre lo que más me ha gustado.
La que cuida…
Qué bonito es,
Tu alumna Carmen
que siempre te recordará.
Me llamo Alfonso. Soy un chico del montón, criado en una familia humilde y marinera de Bueu.
Cuando era pequeño, no comprendía que aprovechar el tiempo estudiando era una de mis principales responsabilidades para aspirar a una vida mejor y más tranquila. Fui un chico algo rebelde, pero tuve la oportunidad de asistir a clases de apoyo con Pili y conocerla.
A pesar de que ella se esforzaba mucho en motivarme para que estudiara —como hacía con muchos otros—, mi rebeldía e inmadurez hacían que todo ese esfuerzo no fuera suficiente. Siempre fui de los que se resistían a estudiar. Sin embargo, dentro de todo ese caos que me definía en aquel entonces, me llevé de esa etapa algo maravilloso: una de las personas que más quiero en el mundo: mi mujer
Abandoné el colegio, como muchos otros, después de haber trabajado ya algunos veranos. Mi objetivo era empezar a ganar dinero cuanto antes, algo que con el tiempo entendí que fue un grave error. Dejé el instituto a los dieciséis años y trabajé durante casi diecinueve años en una empresa: primero en Recambios Mourente, y más tarde en el Grupo Recálvi.
Al principio, todo parecía ideal. Ganaba entre 600 y 800 euros al mes, no tenía obligaciones ni gastos importantes. Me sentía bien por poder gastar en mis caprichos y vicios. Pero, poco a poco, la vida se fue haciendo más dura. Todo subía de precio, estaba formando una familia, y apenas podía llegar a fin de mes, incluso llevando un estilo de vida muy austero.
Fue entonces cuando me di cuenta del grave error que había cometido al no haber estudiado cuando tuve la oportunidad. Con el paso del tiempo, me sentía cada vez más quemado, arrepentido y decepcionado conmigo mismo por no haberle podido ofrecer a mi familia una vida mejor.
En ese momento crucial, Pili me brindó una nueva oportunidad: la de volver a estudiar, a creer en mí mismo, a recuperar la confianza y a sentirme capaz. Gracias a ella, recuperé la ilusión de enmendar aquel gran error del pasado.
Me presenté a la prueba de acceso, como muchos otros a los que Pili también ayudó. Siempre le estaré agradecido por brindarnos esa posibilidad, cuando ya habíamos desaprovechado la primera.
Aun sin creérmelo del todo, aprobé la prueba de acceso. Estaba en shock, pero decidí que debía darme otra oportunidad y estudiar algo que realmente me gustara. Pili, como siempre, me motivó y me animó a seguir adelante. Así fue como, más decidido que nunca, opté por estudiar.
Transporte Marítimo y Pesca de Altura
Fue un camino duro, con momentos buenos y otros no tanto. Los profesores se mostraban asombrados por el esfuerzo realizado y por la valentía de haber dejado un trabajo fijo de casi veinte
años para volver a estudiar.
Hoy en día, me siento feliz, con muchas ofertas laborales, con la satisfacción de haber obtenido un título que nunca imaginé que lograría. Al mismo tiempo, sigo reflexionando sobre la oportunidad que desaproveché en su momento, y el peso de tener una familia y una hija a quien quiero darle lo mejor.
No tengo palabras para agradecer la ilusión, la bondad, el apoyo, la perseverancia y el cariño con los que Pili siempre me trató desde que era niño. Gracias a ella, volví a creer en mí, recuperé mi autoestima, mi seguridad y la esperanza de construir un futuro mejor.
Pili ha ayudado a muchas personas, dándoles no solo herramientas para estudiar, sino también una segunda oportunidad para mejorar su calidad de vida.
Para mí, es una persona muy especial. Siempre la he tenido, la tengo y la tendré presente en mi vida. La quiero mucho y le estoy profundamente agradecido por tantos consejos y tanto afecto hacia sus alumnos y allegados.
Son muchas las personas en Bueu que dicen que Pili se merece una calle o un monumento. Yo creo que lo que realmente se merece es todo lo bueno que esta vida pueda ofrecerle… y más aún en la otra, por la gran calidad humana que tiene.
Con cariño, Alfonso
Pili,
estas líneas llevan mucho tiempo formándose dentro de mí. Hoy siento la necesidad de escribirte esta carta con calma, con el corazón abierto y con la gratitud que tantas veces cuesta expresar en voz alta. Cuando pienso en todo lo que he vivido este último tiempo, no puedo evitar recordar cómo llegué a tu aula: encogida, con miedos antiguos, con un trauma que creía estancado pero seguía ahí, hiriéndome por dentro. El acoso llamado bullying que sufrí años atrás dejó en mí una huella profunda, tanto que volver a entrar en un aula me parecía un acto imposible. Cada vez que cruzaba la puerta de una clase, mi cuerpo temblaba y mi mente regresaba a aquellos días en los que solo sentía rechazo o humillación.
Y, sin embargo, tú estabas allí. No creo que te dieras cuenta desde el principio, pero tu forma de recibirme, de hablarme, de mirarme con respeto y sin juicio, creó un espacio seguro que yo no recordaba haber tenido. Lograste que, poco a poco, la ansiedad se transformara en calma, que la inseguridad se fuera diluyendo y que mis ganas de aprender, que yo creía perdidas, volvieran a encenderse.
Quiero agradecerte por algo que va mucho más allá de las materias que enseñas. Gracias a tus explicaciones llenas de dedicación, paciencia, cariño y un amor por enseñar que se siente desde lejos, yo pude comenzar a reconstruirme. Me devolviste la confianza en mí misma, una confianza que pensé que ya no volvería a tener. Me enseñaste a mirar mis logros con orgullo, a reconocer que soy válida, capaz y digna de alcanzar lo que me propongo, incluso ahora, incluso a esta edad en la que pensé que ya era tarde para soñar.
Y todo esto sucedió en uno de los momentos más vulnerables, difíciles y preciosos de mi vida: con mis hijos recién nacidos, agotada emocionalmente, física y mentalmente, sintiendo que todo se me escapaba de las manos.
Estaba tan frágil que había días en los que ni siquiera sabía quién era yo, más allá de mis miedos y responsabilidades. Ni sabía del todo dónde estaba, pero sabía más bien dónde no estaba. Con tu paciencia, con tu voz, con tu forma tan humana de enseñar, me devolviste una parte de mí que creía perdida.
También necesito agradecerte por haberme tratado con humanidad, por verme como persona antes que como alumna. El hecho de que confiaras en mí lo suficiente para compartirte pautas difíciles de tu propia vida me conmueve. Saber que tú también has pasado por momentos dolorosos, y aún así sigues en pie, firme, luchadora, cuidando de tu familia y ayudando a tantas personas… eso me enseñó una lección: me mostraste que no importa lo dura que haya sido la vida, siempre es posible rearmarse, sanar y tender la mano a otros.
A medida que avanzaban los días, algo más comenzó a suceder, algo que no imaginé cuando entré por primera vez con miedo en el cuerpo: conocí compañeros que se convirtieron en amigos. Personas que me abrieron su corazón sin condiciones, que me acompañaron en mis dudas, que compartieron risas, silencios y pequeños barrios que creamos juntos. Hoy forman una parte real de mi vida.
Al mismo tiempo, esta super experiencia transformadora me ayudó a ver con más claridad ciertos vínculos que arrastraba desde hace tiempo. Me di cuenta de que alguien a quien consideraba una amiga no caminaba a mi lado desde la sinceridad, simplemente no era un espejo que reflejara conmigo, que no celebraba mis avances. Entendí que, a veces, cuando uno empieza a sanar, la vida te muestra quién permanece contigo desde el corazón y quién se queda atrás. Fue duro, pero también liberador. Me ayudaste a abrir los ojos, a valorar la autenticidad y a rodearme de luz.
Y algo que todavía me sorprende, asignatura que siempre odié: matemáticas (para mí, un muro imposible). Gracias a ti, mi favorita. Algo que me hacía sentir pequeña, torpe, perdida y con tu manera de explicarlas, hoy puedo decir que amo aprender algo que antes evitaba.
Ahora que miro hacia atrás, reconozco a una versión de mí que estaba rota, cansada, sin fuerzas y sin confianza, y a otra que renació poco a poco en tu aula.
Sé, con toda la honestidad de mi corazón, que nada hubiera sido posible sin ti.
A veces pienso que si no te hubiese encontrado, seguiría creyendo que no valgo. Pero tú me enseñaste lo contrario, y eso es un regalo que llevaré conmigo siempre.
Todo lo que he logrado hasta hoy, y todo lo que sueñe lograr mañana, estará siempre ligado a este momento de mi vida en el que hiciste posible que lo hiciera.
Estas palabras nacen desde mis emociones, y si estas son solo palabras… lo que tú consigues con tanta gente a diario es un mundo entero para cada uno.
Con todo mi cariño, respeto, admiración y un agradecimiento imposible de medir,
VIRGINIA
Desde que era adolescente, siempre supe que lo mío era enseñar. Me encantaba ayudar a mis compañeros a estudiar, explicarles los temas que no entendían y ver cómo poco a poco se sentían más seguros. Con el tiempo, me di cuenta de que no era solo una afición: era una vocación.
Me formé como docente y comencé a dar clases en academias y centros educativos. A lo largo de los años he acompañado a estudiantes muy diversos: jóvenes que se preparan para acceder a Formación Profesional o a la universidad, personas adultas que retoman los estudios después de mucho tiempo, y adolescentes que necesitan una guía cercana para volver a confiar en sus capacidades.
En todos los casos, mi enfoque ha sido siempre el mismo: entender las necesidades y objetivos de cada alumno, adaptarme a su ritmo y cuidar la parte emocional tanto como la académica. Creo firmemente que aprender no es solo aprobar, sino también ganar confianza, descubrir lo que uno es capaz de hacer y sentirse acompañado en ese camino.
Llevo más de diez años dedicada a la enseñanza, y cada historia, cada progreso, me sigue emocionando como el primer día. Para mí, enseñar es estar presente, escuchar, motivar y crear un espacio donde cada persona pueda crecer a su manera.
